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La utopía de la esperanza

1816 - 9 de Julio - 2016

El Bicentenario de la Patria puede constituir la piedra angular para edificar un destino con perspectivas de esperanza. La independencia ha constituido una gesta ciclópea para nuestros libertadores, no siempre adecuadamente reconocidos. Se forjó en medio de enormes presiones, limitaciones y privaciones. También vale el reconocimiento para quienes los siguieron a través de generaciones y dieron forma a lo que luego sería la Argentina. De esa historia descendemos y de ese ejemplo somos deudores. Es imposible negar, si no deseamos sumergirnos en la falacia de ocultar la realidad, que la sociedad que conformamos arrastra el dolor del fracaso que nos ha venido gangrenando a lo largo de innumerables décadas. Pobreza, marginalidad, violencia, egoísmo y corrupción, entre otros males, carcomen nuestra geografía y generan una desconfianza que obtura el camino hacia una salida virtuosa. Se suma a este infortunio una dirigencia, en todos los ámbitos, en especial la política, con pereza de grandeza y un patriotismo ausente. Sin embargo, en el medio, generalmente cubierta por el anonimato más silencioso, se asiste -encarnadas en personas y organizaciones de la sociedad civil- a expresiones de solidaridad conmovedoras que suplen el abandono en que incurre esa misma dirigencia opaca. Para sorpresa del mundo, constituimos un país con creatividad, inteligencia y meritorios logros individuales y, a la vez, con una singular carencia de espíritu colectivo. De allí nuestra malograda colectividad. El reconocimiento de nuestras debilidades es ineludible e imprescindible si anhelamos alejar los fantasmas y cimentar un porvenir alejado de las recurrentes frustraciones que nos atormentan sin solución de continuidad. El nuestro es un país que, asumiendo su pasado y su historia como aprendizajes, puede proyectarse hacia el mañana bajo un formato que vaya corrigiendo, con sensatez y prudencia, sus defectos más notorios. Deberíamos asumir de partida que no se trataría de una tarea sencilla y mucho menos mágica. Insumirá tiempo, esfuerzos sostenidos y perseverancia. Los pilares de un horizonte más diáfano son probablemente, entre otros, una lucha sin cuartel contra las desigualdades y otra a favor de un federalismo auténtico que nos consolide como Nación. Adicionalmente, se impone una fuerte revisión de las prioridades, entre las que deben primar la educación de calidad, en especial entre los sectores más vulnerables, el cuidado de la salud y la nutrición desde temprana edad, el trabajo digno, una justicia independiente, la igualdad de oportunidades y la transparencia en todos los actos de la vida pública y privada del país. Recuperar los valores esenciales es la utopía a las que nos desafía el Bicentenario. La Asociación Cristiana de Jóvenes/YMCA la hace suya e invita a sumarse a esta epopeya que haría de la Argentina la tierra de las promesas cumplidas.

 
Eduardo Spósito
Secretario Honorario
  Eduardo Ibichian
Presidente
  Norberto Rodríguez
Secretario General
 

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